martes, 31 de marzo de 2009

Era un suspiro lánguido y sonoro
la voz del mar aquella tarde... El día,
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.

Pero su seno el mar alzó potente,
y el sol, al fin, como en soberbio lecho,
hundió en las olas la dorada frente,
en una brasa cárdena deshecho.

Para mi pobre cuerpo dolorido,
para mi triste alma lacerada,
para mi yerto corazón herido,

para mi amarga vida fatigada...
¡el mar amado, el mar apetecido,
el mar, el mar y no pensar en nada!...

Manuel Machado






Los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio, la traición, se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía.

ROUSSEAU, Jean-Jacques

2 comentarios:

belita dijo...

Extraño conjunto el texto de machado, lo foto, la frase de Rousseau y la canción de los piratas pero todo me recuerda que somos excesivamente propensos a mirarnos el ombligo.

Besitos

LLop dijo...

El texto de machado refleja como me siento, la foto lo que me han hecho, la cita es el como y la canción es mi respuesta.