domingo, 14 de noviembre de 2010

Un bar de les Folies Bergère

Parisino enamorado de su ciudad, de las bellas mujeres y eterno dandi, el maestro Manet eligió para su última obra, ya gravemente enfermo, este retrato de la joven camarera Suzon en la barra del famoso cabaret Folie Bergère, que es en realidad, un retrato de la noche parisina de finales del siglo XIX, representado todo magistralmente con las manchas típicas de la pintura impresionista.
En el centro de la obra aparece la joven absorta en sus propios pensamientos e indiferente a nuestra mirada. Casi parece que el artista la hubiera retratado en un breve momento de distracción. Su mirada ausente y distraída, incluso aburrida o resignada, nos produce cierta nostalgia que rodea toda la figura de Suzón que parece no pertenecer a ese lugar.





Eduard MANET

(París 1832- París 1883)

Un bar de les Folies Bergère, 1881
Oleo sobre lienzo, 96 x 130 cm.
Courtauld Institute Galleries. Londres


No conocemos mucho más sobre sobre la historia de Suzón además de que posó para Manet en este cuadro y de su trabajo como camarera en el Folie Bergère. París vivía esos días momentos de esplendor y era considerada la capital de Europa. Muchas jóvenes como Suzon empezaban trabajando detrás de un mostrador para acabar trabajando como prostitutas o “cocottes” donde ganaban considerablemente mucho más dinero. Las noches de París se llenaban entonces de personajes variopintos donde artistas, escritores e intelectuales se mezclaban con dandis, burgueses, actrices y prostitutas creando el mundo ficticio de la noche parisina, donde los visitantes de la ciudad podían vivir en brazos de una de estas cocottes una fantasía mágica e inolvidable. Su lugar de reunión eran los cafés como el Folie Bergère que se hizo famoso en toda Europa e incluso llego a servir más tarde como modelo de referencia a cabarets tan famosos como el cubano Tropicana.




El Folie Bergére en sus inicios fue el favorito de la clase proletaria pero pronto pasó a ponerse de moda entre la burguesía. Allí los pintores y escritores hacían sus estudios entre los espectáculos de teatro o varietés de artistas como el mismo Charles Chaplin o la trapecista americana Katerine Johns, que deleitaba a los presentes con sus números donde mezclaba erotismo, acrobacia y provocació. En la obra, Manet, crea en el reflejo del espejo una ficción donde reunir todos estos motivos.
El Bar de les Folies Bergère será considerada como su mejor obra maestra y, de alguna manera, su testamento pictórico. Allí se representa lo que fueron sus dos grandes pasiones en la vida, las bellas mujeres y la vida de París. Mezclando realidad y fantasía, en una obra en lo que lo único real es la camarera, retrata la soledad del individuo en esas noches de espejismos y el reflejo de un mundo efímero, pero eterno.



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Aunque el Folie Bergére sobrevivió hasta nuestros días, a finales del siglo XX la revista y el teatro dejaron paso a las comedías musicales y a las actuaciones de baile, más acordes con el gusto del público actual. Pese a eso la leyenda del Folie Bergère, y de otros cabarets como el Moulin Rouge o el Lido, y de sus cantantes y bailarinas ha transcendido mucho más lejos. Muchos de sus artistas rompieron las fronteras y hoy podemos ver referencias de su enorme influencia, en los musicales de Broadway, de Hollywood o en los espectáculos de las Vegas. Bailes provocativos como el Can-can francés, y su galop infernal, del compositor francés Jaques Offenbarch, estrenado en 1958 en París, forman hoy parte imprescindible de la cultura popular. Aquellos fueron también los primeros albores de la liberación sexual y de la emancipación de la mujer, que es ahora quien seduce.

La Guide des plaisirs de París (Guía de los placeres de París) de 1898 da la siguiente descripción de las bailarinas:

«un ejército de jóvenes muchachas que están allí para bailar este divino alboroto parisino, como su reputación lo exige [...] con una elasticidad cuando lanzan su pierna en el aire que nos deja predecir una flexibilidad moral al menos igual.»

Antes del impresionismo no había sombras azules.
WILDE, Oscar Fingal O`Flahertie Wills



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